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TITA DE BUENOS AIRES

 

 

 

SIN DEMO AÚN

 

Te pintaron las cejas
con dos pinceladas
de asfalto caliente
y quedó Buenos Aires
dibujada en tu frente.
Y esa pena de amor
que agrandó tus ojeras,
faltando a la cita,
no pudiste borrarla
ni con agua bendita.

Era escudo y espada
tu palabra atrevida,
tu mirada insolente.
Cuanto miedo tenías
que te dañe la gente.
Esa gente que hablaba
y que mal comentaba
tu sabiduría.
Ellos nunca supieron
lo que tú ya sabías.

¡Tita de Buenos Aires, Tita mía!
La de los tangos calientes
y de las manos tan frías.
La de plegarias al cielo
como la Madre María.
La del mercado de Abasto,
la del paseo en tranvía.

Ese loco coraje
de potro salvaje,
te galopa en las venas,
cuando bailas un tango,
cuando cantas tu pena.
Y aunque tires la bronca,
me trates de loco,
de nada me quejo,
tu mirada en silencio
es también un consejo.

Te pintaron las cejas
con dos pinceladas
de asfalto caliente
y quedó Buenos Aires
y su calle Corrientes.
Esa pena de amor
que agrandó tus ojeras
faltando a la cita,
no pudiste borrarla
ni con agua bendita.

¡Tita de Buenos Aires, Tita mía!
La de los tangos calientes
y de las manos tan frías.
La de plegarias al cielo
como la Madre María.
La del mercado de Abasto,
la del paseo en tranvía.
¡Qué pocos,
qué pocos se dieron cuenta
cuánto miedo les tenías!